Rifito.com - El primer portal bereber en español

abdelkrim Marruecos sigue tensando la cuerda. Con pequeños gestos discretos, como el que da patadas por debajo de la mesa, el país norteafricano mantiene la tirantez en las relaciones con España pese a los ostentosos esfuerzos del Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero por aparentar una normalidad difícil de acreditar. Y Melilla vuelve a ser el escenario de ese pulso. El sábado pasado, en una acción sin precedentes, la gendarmería marroquí, expulsó de las playas de Marruecos a la cuarentena de barcos de recreo españoles que fondeaban en sus aguas.

La operación de desalojo se realizó, según fuentes policiales marroquís, por cuestiones de seguridad y porque las embarcaciones «carecían de documentación». Extraño argumento, ya que no se pidieron los papeles a ningún patrón, según varios marineros consulados. Los mismos portavoces marroquís indicaron que no era la primera vez que se hacía un operativo de estas características y que responde al compromiso de Marruecos en la lucha contra el tráfico de personas y de droga.

En Melilla la interpretación es otra. Con un censo de 363 embarcaciones deportivas que toda la vida han navegado y fondeado en aguas marroquís, los melillenses sostienen que el gesto del fin de semana es una nueva provocación a España. Y niegan que haya precedentes. El propio vicepresidente de la ciudad autónoma, Miguel Marín, confirmó a EL PERIÓDICO el incidente, pero quiso restarle gravedad y lo definió como «un suceso esporádico». «Esperamos que no se repita», agregó.

AGUAS CRISTALINAS / Propietario de un barco, Marín no navegó el pasado fin de semana, pero tiene conocidos que sí lo hicieron y fueron expulsados de la cala de Tramontana. Juan es uno de ellos. Llegó con su moto acuática, como cada fin de semana, para escapar de la sensación de claustrofobia que en ocasiones provoca Melilla. La cala es muy frecuentada por los melillenses. Tiene un dique natural que la resguarda y cuando sopla levante y hay mal tiempo, sus aguas están cristalinas y en calma. Muchas familias duermen en su barco y otras tantas tienen casas en el litoral a las que acceden por mar. Juan llegó con su moto y a las dos horas apareció la embarcación de la gendarmería marroquí.

«Descendieron en dos zódiacs y gritaron a todo el mundo que debíamos irnos. Que ya no podíamos estar allí. Es increíble. Esto cada vez está peor. ¿Qué será lo próximo?»

Said Chramti tiene la respuesta. El es uno de los dos activistas marroquís que convirtieron la tierra de nadie del paso fronterizo de Beni Enzar en el epicentro de una compleja crisis diplomática que obligó al Rey a descolgar el teléfono y al ministro de Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, a desplazarse a Rabat. Chramti advierte que lo próximo será «prohibir» a los melillenses pernoctar en Marruecos.

ElPeriodico

ddocumental melilla nador Hará un año publiqué el trailer del documental "Cien metros más allá" que muestra las dificultades del día a día y la tensión que viven los contrabandistas y las diferentes personas que cruzan a diario la frontera Nador-Melilla (en este link: http://www.rifito.com/2009/05/cien-metros-mas-alla.html).

A raíz de los úlitmos acontecimientos mediáticos sucedidos en la frontera Nador-Melilla, voy a publicar el documental completo, y los enlaces para quien lo quiera descargar.

- DESCARGAR el archivo original: http://www.megaupload.com/?d=N6YDX65E

Al descargar renombrar el archivo con el nombre que pongo para compartir o poner el .avi

Archivo de vídeo: 594 megas [xvid-mp3 cbr][688 x 400]..61m

- Tambien dejo el link para verlo en Stahevu: http://stagevu.com/video/paobuybtqhji. (Online en Pantalla grande) El archivo esta codificado, es mejor descargar el de megaupload.

4. LA PROBLEMÁTICA HISTÓRICA DE LA RELACIÓN DEL MUNDO BEREBER CON LA MICOLOGÍA. DESDE ÁFRICA A CANARIAS

Daniel Becerra Romero

La llegada de grupos bereberes pre­islámicos desde el vecino continente africano a las tierras vírgenes de las Islas supondría, al menos en los momentos iniciales del poblamiento, un problema de adaptación para estas gentes allí donde se asentaron.

Ello vendría motivado no sólo por las dificultades derivadas de su traslado sino también por las lógicas dudas, incógnitas o incertidumbres que se generarían al enfrentarse a un nuevo marco ecológico.

Entre las más inmediatas estarían la familiarización con el medioambiente y sus potencialidades, alejadas en muchos casos de la realidad africana. Así, la adaptación a los nuevos recursos que la Naturaleza les ofrecía unido a las estrategias de explotación óptimas 1 para su adecuada supervivencia debieron marcar los momentos iniciales del poblamiento. En algunos casos se encontrarían especies semejantes o parecidas a los de su lugar de origen, frente a otras nuevas que el paso del tiempo y sus propias necesidades les llevarían a descubrir y utilizar. Sin embargo, no debemos olvidar que también, como igualmente lo hicieron determinadas especies de animales, algunas semillas de cereales y leguminosas los acompañarían en su viaje desde el continente africano.

Siglos de adaptación, aprendizaje, esfuerzo y experimentación, siempre en función de las particularidades de cada isla, les llevarían a poseer un amplio dominio del territorio circundante y de todos sus recursos. Fiel reflejo de este saber es la elección de las plantas y sus derivados que se empleaban en las técnicas momificatorias, la elaboración de tintes o el embarbascado, sin olvidarnos de su utilización médica o alimenticia. El mundo micológico no sería, pues, una excepción.

Curiosamente, esta cuestión ha pasado prácticamente desapercibida entre la mayor parte de los autores que estudian el pasado isleño, salvo para 2 señalar de forma genérica su utilización dentro de los recursos alimenticios aborígenes. 3 Únicamente J. Pais Pais para la isla de La Palma ha avanzado posibles especies de hongos que pudieron ser empleados por sus antiguos habitantes. De igual modo, en nuestra tesis 4 doctoral también avanzamos algunas especies que ahora analizaremos. La respuesta a esta falta de referencias quizá pueda deberse a la dificultad que supone su estudio, pues únicamente se basan en las escasas alusiones que aparecen en las crónicas de la Conquista. Otro problema añadido es el de la difícil pervivencia de sus restos en el registro arqueológico, salvo que las condiciones sean excepcionales.

El hecho de que se traten de organismos vegetales cuya composición física se encuentra básicamente compuesta entre un 70% y un 95% de agua –dependiendo siempre de la especie– y una hemicelulosa explica en parte la falta de restos.

Ahora bien, para poder examinar cuáles eran los conocimientos de esta materia que tuvieron los habitantes de las Islas consideramos que hay que tener en cuenta el momento histórico en que se efectuaría su llegada desde el continente africano y que correspondería al período que conocemos por Historia Antigua. Ante las nuevas perspectivas que se les presentaban, los antiguos aborígenes buscarían en primer lugar todas aquellas especies 351

La última jugada de Abd-El-Krim

Publicado por rifito On 28.8.10 6 comentarios

abdelkrim Desde su exilio en el cairo, el líder rifeño conspiró para lograr el respaldo español contra el sultán, protegido por francia. El viejo enemigo de España se ofrecía a sublevar de nuevo el Rif, ahora para oponerse a Francia, a Mohamed v y al gobierno del Istiqlal.

El día 6 de febrero de 1963 fallecía en El Cairo Mohamed ben Abd-el-Krim, por entonces un anciano octogenario. El Gobierno egipcio, bajo la presidencia de Nasser, organizó una lucida ceremonia para su entierro, en la que le fueron tributados honores de Jefe de Estado. Para marroquíes y españoles, el nombre de Abd-el-Krim tiene un significado opuesto. Para los marroquíes, la figura del líder rifeño constituye un referente en su lucha por la independencia. Para los españoles, su nombre está asociado con las terribles matanzas sufridas por sus soldados durante los años veinte del pasado siglo en las inhóspitas tierras del Rif.

Cuarenta años antes, ese anciano había dirigido la rebelión de las cabilas del norte de Marruecos, forzando a Francia y España a pactar acuerdos y a desplegar en el Rif a cientos de miles de soldados. Sería absurdo pensar que un pobre rifeño a la cabeza de unas decenas de miles de cabileños pudiese derrotar definitivamente a Francia o a Espa­ña, pero durante algunos años ese objetivo estuvo al alcance de su imaginación.

Años más tarde, desde su exilio en El Cairo, durante los últimos años de su vida, Abd-el-Krim trató de ponerse en contacto con Franco al objeto de recabar su apoyo o, al menos, su pasividad, para la puesta en práctica de un plan que hubieses modificado la Historia de Marruecos.

Jesús Albert halla en los archivos de la Fundación Francisco Franco documentos hasta ahora poco conocidos que permiten reconstruir en parte esta última tentativa del líder rifeño, en la que buscó, sin éxito, la colaboración de España.

ElMundo

Vic Reeves analiza a una banda de feroces piratas del norte de África. Estos corsarios berberiscos consiguieron extender el terror en el canal de Bristol y sus comunidades costeras. Atemorizaron por igual a avezados y a modestos marineros y tomaron como esclavos a un millón de personas. Pero, ¿cómo lograron crear semejante escenario de pánico a tanta distancia de sus hogares?.

Yate Mohammed VI vs helicoptero españolHacer click sobre la imagen para ampliar

Mohamed VI, unas fotografías y el Centro Nacional de Inteligencia. Estos serían los ingredientes de la historia de cómo se ha fraguado la actual tensión en el paso de Beni Enzar. Al parecer, todo comenzó en junio pasado, cuando se habrían realizado, según la versión extraoficial marroquí presentada a las autoridades españoles, fotografías del rey de Marruecos y sus invitados mientras descansaba en su yate, anclado en la bahía de Alhucemas.

La versión oficial, más comedida, expresaba su queja por que los helicópteros destinados al abastecimiento de la guarnición española en el Peñón de Alhucemas perturbaban el descanso de Mohamed VI. Ante esta situación, se habría optado por la suspensión de los vuelos mientras el buque real estuviera en la zona.

No obstante, el asunto habría conocido otras derivadas, puesto que se habría visto como el pistoletazo de salida y la excusa perfecta para reducir la presencia de efectivos del CNI en Marruecos amparándose en que las presuntas fotografías tomadas en Alhucemas estarían en poder del servicio de inteligencia español.

De ahí que fuentes diplomáticas señalen que la forma de operar responda al patrón habitual marroquí en estos casos: ejercer presion a través de un asunto para negociar desde una posición favorable el objetivo deseado. En el caso de la tensión en el paso de Beni-Ezar, se valora la diferencia de radio de acción entre Madrid y Rabat. Mientras el Gobierno español tiene que afrontar a la opinión pública y a los partidos de la oposición, la actuación marroquí no cuenta con esas mordazas. Ni los medios de comunicación ni los partidos van a salirse del corral.

Además, en medios diplomáticos coinciden en señalar que la tensión se aliviaría en cuanto quisiera Marruecos, pese a las declaraciones realizadas por los cabecillas de la escalada de tensión, que alegan no estar vinculados a Rabat. Afirmación que, en los cenáculos españoles, nadie cree.

El objetivo de esta crisis, según parece, sería lograr una reducción de la presencia del CNI en Marruecos. De momento, dos antenas, situadas en las ciudades de Nador y Tetuán, estarían vacantes desde hace meses. La decisión de dejar sin cubrir dichos puestos se habría tomado con ánimo de no enfadar a las autoridades marroquíes y como muestra de buena voluntad. Sin embargo, parece que el resultado ha sido todo lo contrario.

fuente: http://www.elsemanaldigital.com/

Amazigh naciones unidas Rabat, 14 ago (EFE).- El Congreso Mundial Amazigh, que defiende los derechos de los bereberes, denunció hoy ante la ONU discriminaciones contra esa población por parte del Estado marroquí, incluida la inclusión en el carné de identidad de una grafía oculta que les identifica como tales.

En una carta enviada a la Convención Internacional para la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, que desde ayer y hasta hoy analiza en Ginebra el informe de Marruecos, el organismo acusó a las autoridades marroquíes de practicar una "discriminación institucionalizada" contra ese grupo.

En el nuevo carné de identidad electrónico marroquí "a los ciudadanos de origen amazigh de las regiones saharianas, de las montañas del Atlas y del Rif se les marca con la letra Z escrita en bereber, oculta a primera vista pero visible al proyectar una luz blanca contra el carné en una sala oscura", denuncia la nota.

Esto constituye, según dijo a EFE el vicepresidente del CMA, Rachid Raha, "una prueba irrefutable" de la marginación de ese colectivo, que "los diferencia como ciudadanos de segunda" y entre otras consecuencias puede ocasionarles problemas en el mercado laboral y en las gestiones en la Administración pública.

abdelkrim Desde la última evaluación de la Convención en 2003, en la que se instó a Marruecos a "reconsiderar la situación de los bereberes en vista de los acuerdos internacionales sobre derechos humanos para garantizarles el ejercicio de sus derechos", no se han experimentado según el CMA progresos destacables.

Aparte de una "tímida y limitada" introducción de la enseñanza de la lengua bereber en 2003 y del lanzamiento este año de una cadena de televisión dedicada en exclusiva a ese colectivo, "no se ha materializado ningún avance significativo", señala el comunicado.

La más importante de las violaciones de la Convención denunciadas por el Congreso parte de la Constitución, "donde no se hace ninguna mención a la cuestión amazigh" y los textos "sacralizan", según ellos, "la superioridad de la minoría de los ciudadanos, arabófona".

Los bereberes son los habitantes autóctonos del Norte de África, incluidos los tuareg, y se hallan repartidos en el Rif, el Atlas y el Sur de Marruecos, además de en Argelia, el sur de Túnez, Libia, Egipto, Mauritania y en toda Europa debido a la emigración. EFE

Recogido de la mediateca de RTVE.es . Primero se exponen canciones en árabe y posteriormente en bereber.

Una hora de Sonideros para esas voces inquebrantables, esta vez en turno masculino, desde la pista de discoteca a las grandes tradiciones. Arrancamos en la pista con la penúltima estrella del pop egipcio, Amr Diab, con su punto de aliento flamenco. Luego, el genial argelino Chab Rassi y Khaled en un excepcional ejercicio de voz y bases entre funk y drum&bass. Seguirá el egipcio Teleb, con orquesta de cuerdas y rajo de cantaor de los de verdad. El turno bereber empieza con el siempre impactante Matoub Lounes (asesinado por el GIA), y sigue con Idir y la canción que da la sintonía de la sección "El momentazo aquel", A Vava Inouva. Y doble remate con otro éxito de Idir, en su propia versión y la de Khaled, con mayor empujón rítmico: la Fichta, la fiesta Kabyl de los bereberes argelinos.

Si no funciona entrad en el link directo de RTVE: http://www.rtve.es/mediateca/audios/20100627/grandes-voces-arabes-bereberes-turno-masculino-sonideros-javier-cambra/813064.shtml

Primo de Rivera Aquí dejo un documento histórico escrito por Primo de Rivera desde la prisión de Alicante el 13 de Agosto de 1936. Toma como argumento enfrentamientos de bereberes, germanos y los orígenes de éstos.

1. ¿Qué fue la Reconquista? Un criterio superficial de la victoria tiende a considerar España como una especie de fondo o substratum permanente sobre el cual desfilan diversas invasiones, a las que nos hacen asistir como solidarios con aquel elemento aborigen. Dominación fenicia, cartaginesa, romana, goda, africana... De niños hemos presenciado mentalmente todas esas dominaciones en calidad de sujetos pacientes; es decir, como miembros del pueblo invadido. Ninguno de nosotros, en su infancia romancesca, ha dejado de sentirse sucesor de Viriato, de Sertorio, de los numantinos. El invasor era siempre nuestro enemigo; el invadido nuestro compatriota.

Cuando la cosa se considera más despacio, ya al apuntar la mañana, cae uno en esta perplejidad: después de todo -se pregunta- no sólo mi cultura, sino aún mi sangre y mis entrañas ¿tienen más de común con el céltico aborigen que con el romano civilizado? Es decir, ¿no tendré un perfecto derecho, aún por fuerza de la sangre, a mirar la tierra española con ojos de invasor romano; a considerar con orgullo esta tierra no como remota cuna de los míos sino como incorporada por los míos a una nueva forma de cultura y de existencia? ¿Quién me dice que, en el sitio de Numancia, hay dentro de las murallas más sangre mía, más valores de cultura míos, que en los campamentos sitiadores?

Quizá podamos entender esto señaladamente bien los que procedemos de familias que hayan visto nacer muchas de sus generaciones en la América hispana. Nuestros antepasados trasatlánticos, como nuestros actuales parientes de allá, se sienten tan americanos como nosotros españoles; pero saben que su calidad americana les viene como descendientes de los que dieron a América su forma presente. Sienten a América como entrañablemente suya porque sus antepasados la ganaron. Aquellos antepasados procedían de otro solar, que ya es, para sus descendientes, más o menos extranjero. En cambio la tierra en que actualmente viven, siglos atrás extranjera, es ahora la suya, la definitivamente incorporada por unos remotos abuelos al destino vital de su estirpe.

Estos dos puntos de vista descansan sobre dos maneras de entender la patria: o como razón de tierra o como razón de destino. Para unos, la patria es el asiento físico de la cuna; toda su tradición es una tradición espacial, geográfica. Para otros, la patria es la proyección física de un destino; la tradición, así entendida, es predominantemente temporal, histórica.

2. Con esta previa delimitación de conceptos cabe resumir la cuestión inicial: ¿qué fue la Reconquista? Ya se sabe: desde el punto de vista infantil, el lento recobro de la tierra española por los españoles contra los moros que la habían invadido. Pero la cosa no fue así. En primer lugar, los moros (es más exacto llamarles «los moros» que «los árabes»; la mayor parte de los invasores fueron berberiscos del norte de África; los árabes, raza muy superior, formaban solamente la minoría directora) ocuparon la casi totalidad de la Península en poco tiempo más del necesario para una toma de posesión material, sin lucha. Desde Guadalete (año 711) hasta Covadonga (718) no habla la Historia de ninguna batalla entre forasteros e indígenas. Hasta el reino de Todomir, en Murcia, se constituyó por buenas componendas con los moros, toda la inmensa España fue ocupada en paz; España, naturalmente, con los «españoles» que habitaron en ella. Los que se replegaron hacia Asturias fueron los supervivientes de entre los dignatarios y militares godos; es decir, de los que tres siglos antes habían sido, a su vez, considerados como invasores. El fondo popular indígena (celtibérico, semítico en gran parte, norteafricano por afinidad en otra, más o menos romanizado todo él) era tan ajeno a los godos como a los agarenos recién llegados. Es más, sentían muchas más razones de simpatía étnica y consuetudinaria con los vecinos del otro lado del estrecho que con los rubios danubianos aparecidos tres siglos antes. Probablemente la masa popular española se sintió mucho más a su gusto gobernada por los moros que dominada por los germanos. Esto fue el principio de la Reconquista; al final no hay ni que hablar. Después de seiscientos, de setecientos, de casi (en algunos sitios) ochocientos años de convivencia, la fusión de sangre y usos entre aborígenes y bereberes era indestructible; mientras que la compenetración entre indígenas y godos, entorpecida durante doscientos años por la dualidad jurídica y, en el fondo, rehusada siempre por el sentido racial de los germánicos, no pasó nunca de ser superficial.

La Reconquista no es, pues, una empresa popular española contra una invasión extranjera; es, en realidad, una nueva conquista germánica; una pugna multisecular por el poder militar y político entre una minoría semítica de gran raza -los árabes- y una minoría aria de gran raza -los godos-. En esa pugna toman parte bereberes y aborígenes en calidad de gente de tropa unas veces y, otras veces, en actitud de súbditos resignados de unos y otros dominadores, quizá con marcada preferencia, al menos en gran parte del territorio, por los sarracenos.

Hasta tal punto es la Reconquista una guerra entre partidos y no una guerra de la independencia que a nadie se le ha ocurrido nunca llamar «españoles» a los que combatían contra los agarenos, sino «los cristianos» por oposición a «los moros». La Reconquista fue una disputa bélica por el poder político y militar entre los pueblos dominadores, polarizada en torno de una pugna religiosa.

Del lado cristiano, los jefes preminentes son todos de sangre goda. A Pelayo se le alza en Covadonga sobre el pavés como continuador de la Monarquía sepultada junto al Guadalete. Los capitanes de los primeros núcleos cristianos tienen un aire inequívoco de príncipes de sangre y mentalidad germánica. Más: se sienten ligados desde el principio a la gran comunidad catolicogermánica europea. Cuando Alfonso el Sabio aspira al trono imperial no adopta una actitud extravagante: pleitea, con el alegato de la madurez política de su reino, por lo que podía alentar desde siglos antes en la conciencia de príncipe cristianogermánico de cada jefe de los citados reconquistadores. La Reconquista es una empresa europea, es decir, en aquella sazón, germánica. Muchas veces acuden de hecho, para guerrear contra los moros, señores libres de Francia y de Alemania. Los reinos que se forman tienen una planta germánica innegable. Acaso no haya Estados en Europa que tengan mejor impreso el sello europeo de la germanidad que el condado de Barcelona y el reino de León.

3. En esquema -abstracción hecha de los mil acarreos e influencias recíprocas de todos los elementos étnicos removidos durante ochocientos años-, la Monarquía triunfante de los Reyes Católicos es la restauración de la Monarquía góticoespañola, católicoeuropea, destronada en el siglo VIII. La mentalidad popular distinguía entonces difícilmente entre nación y rey. Por otra parte, considerables extensiones de España, singularmente Asturias, León y el Norte de Castilla habían sido gemanizadas, casi sin solución de continuidad, durante mil años (desde principios del siglo V hasta finales del XV, sin más interrupción que los años que van desde el Guadalete hasta el recobro de las tierras del norte por los jefes godocristianos) sin contar con que su afinidad étnica con el norte de África era mucho menor que la de las gentes del sur y levante. La unidad nacional bajo los Reyes Católicos es, pues, la edificación del Estado unitario español con el sentido europeo, católico, germánico, de toda la Reconquista, y la culminación de la obra de germanización social y económica de España. No se olvide esto, porque quizá por ahí va a encontrar la «constante bereber» su primera rendija para la rebelión.

En efecto, el tipo de dominación árabe era preponderantemente político y militar. Los árabes tenían vagamente el sentido de la territorialidad. No se adueñaban de las tierras, en el sentido jurídicoprivado. Así pues, la población campesina de las comarcas más largamente dominada por los árabes (Andalucía, Levante) permanecía en una situación de libre disfrute de la tierra, en forma de pequeña propiedad y, acaso, de propiedades colectivas. El andaluz aborigen, y la población bereber que nutrió más copiosamente las filas árabes, gozaba, pues, una paz elemental y libre, inepta para grandes empresas de cultura, pero deliciosa para un pueblo indolente, imaginativo y melancólico como el andaluz. En cambio, los cristianos germánicos traían en la sangre el sentido feudal de la propiedad. Cuando conquistaban las tierras erigían sobre ellas señoríos, no ya pluralmente politicomilitares como los de los árabes, sino patrimoniales al mismo tiempo que políticos. El campesino pasaba, en caso mejor, a ser vasallo; tiempo adelante, cuando por la atenuación del aspecto jurisdiccional, político, los señoríos van subrayando su carácter patrimonial, los vasallos, completamente desarraigados caen en la condición terrible de jornaleros.

La organización germánica, de tipo aristocrático, jerárquico, era, en su base, mucho más dura. Para justificar tal dureza se comprometía a realizar alguna gran tarea histórica. Era, en realidad, la dominación política y económica sobre un pueblo casi primitivo. Toda aquella enorme armadura -Monarquía, Iglesia, aristocracia- podía intentar la justificación de sus pesados privilegios a título de cumplidora de un gran destino en la Historia. Y lo intentó por doble camino: la conquista de América y la Contrarreforma.

4. Es un tópico (puesto en circulación por la literatura «bereber» de que se hablará más tarde) el decir, que la conquista de América es obra de la espontaneidad popular española, realizada casi a despecho de la España oficial. No se puede sostener esa tesis en serio. Muchas de las expediciones se organizaron, ciertamente, como empresa privada; pero el sentido de la cristianización y colonización de América está contenido en el monumento de las Leyes de Indias, obra que encierra el pensamiento constante del Estado español a través de vicisitudes seculares. Y la conquista de América es también una tesis catolicogermánica. Tiene un sentido de la universalidad sin la menor raíz celtibérica y bereber. Sólo Roma y la Cristiandad germánica pudieron transmitir a España la vocación expansiva, católica, de la conquista de América. Lo que se llame el espíritu aventurero español, ¿será español de veras en el sentido aborigen o bereber, o será una de las señales de sangre germánica? No se desdeñe el dato de que, aún en nuestros días, las regiones de donde sale mayor número de emigrantes, es decir, de aventureros, son las del Norte, las más germanizadas, las más europeas, las que, desde su punto de vista castizo y pintoresco, podrían llamarse menos españolas. En cambio, es todavía abundantísimo el número de andaluces y levantinos que se trasplanta a Marruecos, a Orán, a Argelia y que vive allí absolutamente como en su casa, como una cepa que reconoce la tierra lejana de donde arrancaron a su ascendiente. Esta derivación meridional y levantina hacia África no tiene la menor homogeneidad con las expediciones colonizadoras hacia América. Incluso África y América han sido constantemente como las consignas de dos partidos políticos y literarios españoles. De dos partidos que coinciden exactamente en casi todos los instantes con el liberal y el conservador; el popular y el aristocrático; el bereber y el germánico. Era casi cosa obligada que un escritor aristocrático, antieclesiástico, antimonárquico, incorporase a su repertorio frases como ésta: «Más valía que la Monarquía española, en vez de extenuar a España en la empresa de América, hubiera buscado nuestra expansión natural, que es África».

Al lado de la conquista de América, la España germánica (doblemente germánica ahora bajo la dinastía de los Habsburgo) riñe en Europa el combate católico por la unidad. Lo riñe y, a la larga, lo pierde. Y, como consecuencia, pierde a América. La justificación moral e histórica de la dominación sobre América se hallaba en la idea de la unidad religiosa del mundo. El catolicismo era la justificación del poder de España. Pero el catolicismo había perdido la partida. Vencido el catolicismo, España se quedaba sin título que alegar para el imperio de Occidente. Su credencial estaba caducada. Ya lo vió el astuto Richelieu que, para hundir a la casa de Austria, no vaciló en auxiliar a los paladines de la reforma. Sabía muy bien que la piedra angular de los Habsburgo era la unidad católica de la Cristiandad.

Y así, perdida la partida en Europa primero, en América después, ¿qué tarea de valor universal alegaría la España dominadora -Monarquía, Iglesia, aristocracia- para conservar su situación de privilegio? Falta de justificación histórica, dimitida toda función directiva, sus ventajas económicas y políticas quedaban en puro abuso. Por otra parte, con la falta de empleo, las clases directoras habían perdido el brío, incluso de la propia defensa. Se observa una colección de fenómenos, semejantes en extremo a la decadencia de la monarquía visigótica. Y la fuerza latente, nunca extinguida, del pueblo bereber sometido, inicia lentamente su desquite.

5. Porque, aún en las horas cenitales de la dominación, la «constante bereber» no había dejado de existir y de obrar nunca. Los pueblos superpuestos, dominador y dominado, germánico y aborigen bereber, no se habían fundido. Ni siquiera se entendían. El pueblo dominador vigilaba el no mezclarse con el dominado (hasta 1756 no se deroga una pragmática de Isabel la Católica que exigía probar pureza de sangre, es decir, condición de cristiano viejo, sin mezcla de judío o moro, aún para desempeñar modestísimas funciones de autoridad). El pueblo dominado, entre tanto, detesta al dominador. Con un giro típico, adopta respecto de los dominadores apariencia de sumisión irónica. En Andalucía se llega a los más exagerados extremos de adulación; pero bajo esa adulación aparente se venga la más desdeñosa zumba hacia el adulado. Esta actitud, la burla, es la más dulcemente resignada que adopta el pueblo desposeído. Más arriba aparece ya el odio y, sobre todo, la afirmación permanente de la separación. En España la expresión «el pueblo» guarda siempre un tono particularista y hostil. El «pueblo hebrero» comprendía naturalmente, a los profetas. El «pueblo inglés» incluye a los lores, ¡a buena hora permitiría un inglés consciente que no le considerasen solidarizado, bajo la denominación popular de inglés, con los primeros jerarcas del país! Aquí no: cuando se dice «el pueblo» se piensa decir lo indiferenciado, lo incalificado, lo que no es aristocracia, ni Iglesia, ni milicia, ni jerarquía de ninguna especie. El mismo don Manuel Azaña ha dicho: «no creo en los intelectuales, ni en los militares, ni en los políticos; no creo más que en el pueblo». Pero entonces los intelectuales, los militares, los políticos, como los eclesiásticos y los aristócratas ¿no forman parte del pueblo? Sin especificar, se alude al sojuzgado, al sustraído a su siempre añorada existencia primitiva, indiferenciada, antijerárquica y que, por lo mismo, detesta rencorosamente toda jerarquía, característica del pueblo dominador.

Tal realidad ha penetrado todas las manifestaciones de la vida española, incluso las de apariencia menos popular. Por ejemplo, el fenómeno europeo de la Reforma tuvo en España una versión reducida, pero absolutamente impregnada de la pugna entre germánicos y bereberes, entre dominadores y dominados. En España no se dió un solo caso de hereje príncipe, como en Francia o en Alemania. Los grandes señores se mantuvieron aferrados a su religión de castas. Todo hereje, pequeño burgués, o letrado, era como un vengador de los oprimidos; en su disidencia alentaba más que un tema teológico una incurable inquina contra el aparato oficial, formidable, de Monarquía, Iglesia, aristocracia...

Y así hasta las fechas más recientes. La línea bereber, más aparente cada vez según ve declinar la fuerza contraria, asoma en toda la intelectualidad de izquierda, de Larra hacia acá. Ni la fidelidad a las modas extranjeras logra ocultar un tonillo de resentimiento de vencido en toda la producción literaria española de los cien últimos años. En cualquier escritor de izquierdas hay un gesto morboso por demoler, tan persistente y tan desazonante que no se puede alimentar sino de una animosidad personal, de casta humillada. Monarquía, Iglesia, aristocracia, milicia, ponen nerviosos a los intelectuales de izquierda, de una izquierda que para estos efectos empieza bastante a la derecha. No es que sometan aquellas instituciones a crítica; es que, en presencia de ellas, les acomete un desasosiego ancestral como el que acomete a los gitanos cuando se les nombra a la bicha. En el fondo los dos efectos son manifestaciones del mismo viejo llamamiento de la sangre bereber. Lo que odian, sin saberlo, no es el fracaso de las instituciones que denigran, sino su remoto triunfo; su triunfo sobre ellos, sobre los que la odian. Son los bereberes vencidos que no perdonan a los vencedores -católicos, germánicos- haber sido los portadores del mensaje de Europa.

El resentimiento ha esterilizado en España toda posibilidad de cultura. Las clases directoras no han dado nada a la cultura, que en ninguna parte suele ser su misión específica. Las clases sometidas, para producir algo considerable desde el punto de vista de la cultura, tenían que haber aceptado el cuadro de valores europeo, germánico, que es el vigente; y eso les suscita una repugnancia infinita por ser, en el fondo, el de los odiados dominadores.

Así, grosso modo, puede decirse que la aportación de España a la cultura moderna es igual a cero, salvo algún ingente esfuerzo individual, desligado de toda escuela, y algún pequeño cenáculo inevitable envuelto en un halo de extranjería.

6. Tras las escaramuzas tenía que llegar la batalla. Y ha llegado: es la República de 1931; va a ser, sobre todo, la República de 1936. Estas fechas, singularmente la segunda, representan la demolición de todo el aparato monárquico, religioso, aristicrático y militar que aún afirmaba, aunque en ruinas, la europeidad de España. Desde luego la máquina estaba inoperante; pero lo grave es que su destrucción representa el desquite de la Reconquista, es decir, la nueva invasión bereber. Volveremos a lo indiferenciado. Probablemente se ganará en placidez elemental en las condiciones populares de vida. Acaso el campesino andaluz, infinitamente triste y nostálgico, reanude el silencioso coloquio con la tierra de que fue desposeído. Casi media España se sentirá expresada inmejorablemente si esto ocurre. Desde luego, se habrá conseguido un perfecto ajuste en lo natural. Pero lo malo es que entonces será pueblo único, ya dominador y dominado en una sola pieza, un pueblo sin la más mínima aptitud para la cultura universal. La tuvieron los árabes; pero los árabes eran una pequeña casta directora, ya mil veces diluida en el fondo humano superviviente. La masa, que es la que va a triunfar ahora, no es árabe sino bereber. Lo que va a ser vencido es el resto germánico que aún nos ligaba con Europa.

Acaso España se parta en pedazos, desde una frontera que dibuje, dentro de la Península, el verdadero límite de África. Acaso toda España se africanice. Lo indudable es que, para mucho tiempo, España dejará de contar en Europa. Y entonces, los que por solidaridad de cultura y aún por misteriosa voz de sangre nos sentimos ligados al destino europeo, ¿podremos transmutar nuestro patriotismo de estirpe, que ama a esta tierra porque nuestros antepasados la ganaron para darle forma, en un patriotismo telúrico, que ame a esta tierra por ser ella, a pesar de que en su anchura haya enmudecido hasta el último eco de nuestro destino familiar?.

José Antonio Primo de Rivera, Prisión de Alicante, 13 de agosto de 1936

melilla Rabat considera que la ciudad autónoma de Melilla es un territorio ocupado. Pero los ciudadanos de origen marroquí que viven o trabajan en este lugar están acostumbrados a sus particularismos y no desean que la situación cambie.

En el Café Del Real se celebra una boda. Tres invitados, Mina, Aziza y Karim, han pasado toda la vida o la mitad de ella en Melilla. Son de origen marroquí, pero su actitud es española. "Si Marruecos impone su ley aquí, me voy a vivir ahí enfrente", comenta Karim, refiriéndose a la España continental. Pero los tres son marroquíes en un aspecto: Mina, Aziza y Karim no quieren que aparezca su apellido en el periódico. Sus declaraciones sobre Melilla no coinciden con la posición del Estado marroquí y no quieren causar problemas a su familia de Marruecos.

Melilla, donde viven 80.000 personas en 12 km2 rodeados de alambradas, es un asunto delicado en Marruecos. Para Rabat, se trata de un territorio ocupado, un punto de vista confirmado recientemente por su primer ministro Abbas El Fassi. Éste mantuvo una conversación telefónica con el gobierno español sobre "la ocupación" de Melilla y Ceuta, el otro enclave español del norte de Marruecos. España reaccionó de inmediato, afirmando que la "soberanía y el carácter español" de Ceuta y Melilla son incuestionables.

- Según Marruecos, Melilla es un vestigio del colonialismo.

Mina, Aziza y Karim se benefician de la democracia española, de un sistema educativo de calidad y del acceso a una sanidad asequible. Además, los sueldos son más altos que al otro lado de la frontera. "Y muchos productos son más caros en Marruecos. Un tetrabrik de leche cuesta 50 céntimos de euro en Melilla, mientras que en Marruecos cuesta 80 céntimos", comenta Aziza. Por ello los marroquíes de Melilla no tienen ningún motivo para desear que acabe su cómoda vida.

La celebración de la boda en el Café Del Real es mixta: la novia, Rabiaa, es marroquí y el novio Juan Miguel, español. Según Antonio Portillo Gómez, un cliente asiduo del café, "toda la población de Melilla es multicultural". "Aquí han vivido numerosas civilizaciones, Melilla cuenta con una larga historia, mucho antes de que los marroquíes se hicieran con el poder. Entonces ¿por qué Marruecos cree que Ceuta y Melilla son marroquíes?" En 1497 Melilla ya era española y Ceuta pasó a ser parte de España en 1578. En el siglo pasado, el reino español extendió su influencia por todo el norte de Marruecos, pero cuando el país se independizó en 1956, España devolvió este territorio, excepto Ceuta y Melilla, así como tres islas minúsculas delante de la costa marroquí que pertenecen desde hace siglos a España.

Desde el punto de vista español, teniendo en cuenta la historia, la situación actual es justa. Pero Marruecos no comparte esta opinión. Cuando el rey de España Juan Carlos I visitó Ceuta y Melilla por primera vez en noviembre de 2007, provocó una crisis diplomática. Marruecos llamó a consultas a su embajador en España y el primer ministro El Fassi declaró que el tiempo del colonialismo había pasado "irrevocablemente". Así es como lo considera Marruecos, como un vestigio de la época colonial. Por ello tiene la firme intención de recuperar estos dos enclaves. El puerto de Tanger Med se ha construido justo al lado de Ceuta y se está creando un complejo portuario similar justo al lado de Melilla. La finalidad es limitar la actividad económica de los enclaves de forma que, a largo plazo, resulten demasiado costosos de mantener para España.

- Cada día entran en Melilla 12.000 marroquíes.

De todas formas, los dos pequeños territorios ya resultan muy costosos, puesto que atraen a los españoles de la península ibérica por sus ventajas fiscales y sus sueldos más altos para los funcionarios. Pero de momento, la situación financiera de los enclaves es óptima y ello se debe sobre todo gracias a los marroquíes. Los que viven cerca de los enclaves acceden a los territorios sin visado y de este modo, cada día se desplazan a Melilla 12.000 marroquíes. Compran objetos más baratos, como leche, champú o mantas, para revenderlos y obtener algo de beneficio en territorio marroquí. El canal de televisión francés M6 emitió en abril el documental "Les femmes-mulets", sobre las mujeres marroquíes que transportan cargando en sus espaldas de 60 a 80 kilos de mercancías, aunque estén embarazadas o su edad sea avanzada. A veces la policía las reúne como si se trataran de ganado, a golpe de porra, cerca de la frontera española. El diario marroquí Ajbar Alyoum calificó el documental de "grosero".

¿Sufren discriminación los marroquíes por parte de los españoles en Melilla? "No, en absoluto", afirma Karim. Es lo que a los habitantes les gusta creer: que Melilla es un modelo multicultural. Sin embargo, saben que los españoles de la Península les consideran algo inferiores porque viven en África y se animan pensando en el carácter mixto del lugar. Además, les gusta distinguirse cultivando la imagen de un oasis de civilización en un desierto de barbarie. "En Marruecos, las mujeres no tienen derecho a expresarse, pero aquí no es así", presume una residente española de Melilla.

Fuente: www.presseurop.eu

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